Cómo vivir como rico con poco dinero

Por Alejandro Valverde
Mientras la economía da tropiezos, la Bolsa pierde el martes lo que ganó el lunes, las líneas del desempleo no se vacían y hay que recurrir a los ahorros para cubrir los baches del presupuesto familiar, la mayoría de los contribuyentes comunes de Estados Unidos se hacen una pregunta que ni Nostradamus podría responder: "¿cómo hago para tratar de vivir aceptablemente con cada vez menos dinero?"
Esa interrogante se la planteó hace un tiempo Danny Kofke, un maestro de escuela y padre de dos hijos a quien su salario le alcanzaba cada vez menos. Sus cavilaciones e ideas sobre el complicado dilema lo llevaron plasmar sus hallazgos en A Simple Book of Financial Wisdom: Teach Yourself (and Your Kids) How to Live Wealthy with Little Money (Un libro sencillo de sabiduría financiera: enséñate [y enseña a tus hijos] a vivir como rico con poco dinero), una pequeña Biblia para aprender a vivir con relativa comodidad con un modesto sueldo de $40,000 al año, que es lo que gana Danny.
¿Su secreto? Básicamente, no comprar, por mucho que le guste, aquello que no puede costearse (a pesar de que pudiera cargarlo a su tarjeta de crédito), y evitar las deudas a toda costa. Pero su estrategia de supervivencia con poco dinero en esta economía enclenque en la que vivimos consiste en otros detalles más.
En primer lugar, Kofke coloca una buena planificación a largo plazo — eso fue lo que le permitió esperar a tener su primer hijo cuatro años después de casarse, cuando ya él y su mujer habían podido ahorrar algo que les permitiera que uno de los dos dejara de trabajar para cuidar al nuevo miembro de la familia. Pero antes de que llegara la niña, ya había pagado sus deudas de tarjetas de crédito y establecido un fondo de emergencia.
Según Kofke, si él y su esposa (ninguno de los cuales sabe mucho de finanzas y viven solo de sus sueldos de maestros) lo lograron, también pueden hacerlo muchas más personas a quienes les parece imposible.
Una de las cosas más difíciles, dice él, fue no dejarse llevar por las tentaciones de comprar productos que "creían" necesitar, pero a los que en realidad se sentían atraídos solo porque otras personas ya los tenían. Además, no les fue fácil cerrar los oídos ante aquellos que los instaban a gastar al igual que ellos, sin pensar en el mañana.
A Danny y su mujer les fue fácil ver, sin embargo, que esos gastadores sin límites estaban tomando decisiones financieras erradas y muy expuestas a cualquier sacudón de la economía, sin establecer presupuestos mensuales, metas anuales, cuentas de ahorro, fondos de emergencia, inversiones cautelosas u objetivos financieros a largo plazo — que fue precisamente lo que la sabia pareja hizo.
Danny es humano y como tal se ve expuesto a tentaciones de gasto que son difíciles de resistir, pero su arma contra eso es darse un plazo de 24 horas — si después de ese tiempo considera aún que el gasto vale la pena, lo hace. Este periodo le permite quitarle a ese deseo de adquisición su elemento emocional, discutirlo en familia y decidir sobre él razonablemente.
Además, cada mes, Danny resta de su salario sus gastos fijos y un poco más para imprevistos; la diferencia la divide entre las 4 ó 5 semanas de un mes, y esa cantidad es la que gasta religiosamente cada semana, no más. La familia solo va al mercado una vez a la semana, con una lista bien hecha de antemano. Si hay dos productos parecidos que les gustan, tienen que escoger uno de las dos — ¡sin discusión! Salir de uno de los dos autos de la casa les permitió ahorrar mucho, y también ser más moderados en las cantidades de ropa y juguetes que compraban para sus hijas (ya son dos).
Cada una de ellas tiene desde pequeña tres alcancías: Para Dar (a causas benéficas, por ejemplo), Para Gastar (en cosas que les gusten o necesiten) y Para Guardar. Así, igual que sus padres, ellas están aprendiendo desde pequeñas que el arte del dinero no es tanto saber ganarlo... cpmo saber cómo gastarlo.











